Interconectados e interdependientes: Nuestro planeta, nuestro cuerpo

Todas las especies que habitamos el planeta somos el resultado de millones de años de co-evolución, es decir, formamos parte de un engranaje infinito. Somos una pieza más en esa inmensa red de vida, si rompemos ese equilibrio que nos hace posibles, peligramos a nuestra especie y a otras. 

Las especies no podemos sobrevivir solas. Toda vida necesita de otras para sobrevivir. Todos los seres vivos dependemos de nuestro ambiente porque este nos otorga lo necesario para sobrevivir: comida, agua, oxígeno, techo, etc. El ambiente consiste de factores físicos (como la tierra, el aire y la temperatura) y también de otros organismos. 

 

Como lo diría el biólogo mexicano de la UNAM Víctor Toledo: “El medio ambiente es un sistema multidimensional de interrelaciones complejas en estado continuo de cambio. La historia de los seres humanos es la de los ecosistemas. Es decir, la historia de la especie humana es la historia de ésta y de las relaciones que establece con el medio ambiente, “su abrigo y sustento ineludible”. 

La teoría general de ecosistemas del biólogo austriaco Ludwing Von Bertalanffy fue una de las primeras escuelas de pensamiento que proveyeron modelos y modos alternativos de investigar las ciencias. Este biólogo estableció que un ecosistema está formado por el conjunto de organismos y el medio físico con el que interactúan. 

Es a su vez “una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat. Los ecosistemas suelen formar una serie de cadenas que muestran la interdependencia de los organismos dentro del sistema (Julián Pérez Porto, 2012).  

Cuando se dice que que estamos interconectados significa que todas las especies estamos unidas a través de los ecosistemas en los que unas especies dependemos de otras. 

 

 

 

La hipótesis Gaia (diosa griega de la Tierra), es una teoría propuesta por el químico británico James Lovelock en los años sesenta, y reforzada por Lynn Margulis con sus estudios sobre microbiología, ambos argumentaron que al igual que hace el cuerpo humano, “la Tierra regula su propia vida a través de los organismos más pequeños”. 

Diversos científicos han establecido que si el contenido del oxígeno de la atmósfera fuera demasiado bajo, algunas especies no podrían respirar. Mientras, que si fuera demasiado alto, la atmósfera de la tierra sería tan inflamable que una sola chispa podría desatar incendios incontrolables. Si su contenido de dióxido de carbono fuera demasiado bajo, la Tierra sería demasiado fría, y si fuera demasiado alto el CO2, su temperatura excedería a la que cualquier forma de vida puede soportar. Es decir, que cada elemento químico está en su justa dosis y proporción para generar la vida de todos los organismos vivos. 

 

“la Tierra regula su propia vida a través de los organismos más pequeños”.

Lynn Margulis/James Lovelock

En su libro “El universo improbable”, el astrónomo español Rafael Bachiller, menciona cómo desde la noción de la Tierra como organismo capaz de autoregularse,  se podría comprender por qué los océanos no son más salados de lo que son: “los ríos van disolviendo de manera continua las sales de las rocas que encuentran a su paso arrastrándolas hacia los océanos, pero la salinidad de estos se ha mantenido en torno al 3,5 % durante larguísimos períodos de tiempo, miles de millones de años. La explicación es que el contenido en sal se regula cuando el agua se recicla a través de las grandes grietas de origen tectónico que recorren los suelos oceánicos. Mediante este proceso se elimina la misma cantidad de sal que la que aportan los ríos. Se logra así el equilibrio en la salinidad que hace la vida tolerable”. 

Más allá de la hipótesis de Gaia, es un hecho científico que existe una multitud de ciclos interconectados en la Tierra y que acontecen constantemente en nosotros y en nuestro alrededor. Ejemplos:

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El ciclo del carbono:

El ciclo del carbono: si la temperatura de la Tierra se mantiene apta para la vida es porque el dióxido de carbono que arrojan a la atmósfera los volcanes y los animales es absorbido por las plantas en el ciclo de la fotosíntesis, evitando que la temperatura se eleve.


Conectados atómicamente:

El astrofísico de la UNAM, Enrico Ramírez Ruíz (al igual que lo han evidenciado diversos astrónomos y astrofísicos desde hace varios años), señala que todos estamos conectados atómicamente ya que el hierro en nuestra sangre fue creado en la explosión de las estrellas. 

En el centro de Hemo B se encuentra un único átomo de hierro. Es una parte fundamental de la molécula de hemoglobina. Porque eso nos permite absorber oxígeno y moverlo en el sistema circulatorio. El origen de nuestros átomos puede rastrearse hasta las estrellas que lo fabricaron en su interior, explotaron y lo esparcieron por la vía láctea hace millones de años (Ramírez Ruiz). 

Es por el proceso de explosion de las estrellas que el hierro recorre cada una de nuestras venas. Existimos gracias a las estrellas. Cada átomo de nuestro cuerpo fue procesado en lo que un día fue una estrella (Julieta Fierro,UNAM).


Red trófica:

es la cadena alimentaria (red trófica). Todos los animales obtenemos nuestra fuente de energía de los alimentos. Todas las especies estamos relacionadas por medio de lo que comemos. Cada organismo necesita de otros para obtener los nutrientes que le permiten sobrevivir y eso nos une en lo que conocemos como cadena alimentaria. 

El humano se ha convertido en el mayor depredador del resto de las especies y ello está alternando la cadena alimenticia. 

Por ejemplo; al plancton se lo comen los camarones, a los camarones unos peces, a estos peces otros peces más grandes, y estos se los comen los osos. ¿Te imaginas qué pasa cuando tomamos todos los camarones (que es lo que está sucediendo en algunos sitios con la pesca de arrastre)?  Hacemos una interrupción del ecosistema que genera desequilibrio y destrucción. 

Las cadenas alimentarias se combinan para formar redes alimentarias que se entrelazan y se traslapan. Todas las especies grandes o pequeñas son vitales para la gran red alimentaria de la que todos somos parte y por medio de la cual todos somos interdependientes y estamos vinculados, interconectados. 

Si un insecto (como la abeja) o una planta se extingue, las consecuencias se reflejan en toda la red provocando un daño ambiental afectando a todos incluso nosotros.

La publicidad nos hace creer que son las grandes corporaciones las que alimentan a los seres humanos. Quienes verdaderamente hacen posible nuestra alimentación son: el agua, el sol, la fotosíntesis, las abejas polinizadoras, etc.


Abejas:

Diversos estudios científicos indican que las abejas son imprescindibles para la vida en la tierra. Puesto que ellas son las encargadas de polinizar vegetales, esto contribuye a mejorar la biodiversidad, para que después, los polinizadores como pájaros, mariposas y murciélagos transporten el polen de flor en flor para fertilizar plantas. 

 

La Asamblea General de Naciones Unidas hizo un llamado a cuidar y preservar las abejas, ya que sin abejas no habría alimentos para la humanidad. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) señala que hay 100 especies de cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en todo el mundo, y 71 de ellos se polinizan con las abejas. Sólo en Europa, el 84% de las 264 especies de cultivo y 4000 variedades vegetales existen gracias a la polinización que hacen las abejas. 

 

Las abejas son vitales para mantener el equilibrio de la tierra de ahí que la Union Europea ha prohibido algunos pesticidas que son muy dañinos para estas. Sin embargo, en América Latina, Africa, Asia se siguen usando fertilizantes que matan a las abejas. Urgen regulaciones, educación y consciencia. 

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Fitoplancton:

Los organismos responsables de que podamos respirar se encuentran en los océanos; los cuales, no lo olvidemos, cubren el 71 % de la superficie de la Tierra. El fitoplancton  está en la base de la cadena trófica  de los ecosistemas oceánicos. Sin los microorganismos autótrofos que lo componen, mares y océanos serían desiertos sin vida. Gracias a su trabajo fotosintético, estas microscópicas criaturas producen entre el 50 y el 85 % del oxígeno que se libera cada año a la atmósfera (Tara Oceans Project). 

Todos necesitamos de todos. Por muchos años hemos creído equivocadamente que estamos separados de la naturaleza. Hoy la ciencia nos demuestra que somos naturaleza. Que nuestra supervivencia depende del equilibrio y armonía con el resto de especies. Necesitamos producir alimentos de manera sostenible; necesitamos agricultura regenerativa que respete el equilibrio de la biodiversidad de la que dependemos.

La comunidad científica insiste en que nuestra manera de consumir no es sostenible para la tierra. No podemos seguir bajo el paradigma de: “lo compro, lo tiro”. La economía circular es uno de los horizontes posibles a largo plazo para un planeta que es una compleja red de interconexiones. Si esta red colapsa, nosotros también colapsaremos.  

Nuestros cuerpos y el planeta son uno mismo. Nuestro planeta es nuestro cuerpo. Nuestra salud y la del planeta no están separadas, porque somos organismos vivos interdependientes e interconectados. Sin los mares no podríamos respirar. Sin las abejas no podríamos alimentarnos. Sin los elementos químicos surgidos de la explosión y muerte de las estrellas no tendríamos el hierro que necesita nuestra sangre que hace latir nuestro corazón, las ballenas fertilizan el fitoplancton el cual contribuye a la generación del oxígeno que respiramos (National Geographic), etcétera. 

Al igual que el planeta, estamos hechos de agua y combinación de elementos que han estado desde siempre en la historia del universo. Estamos compuestos químicamente de elementos combinados. Al igual que el planeta y la atmósfera, nosotros somos exactamente lo mismo que respiramos y sobre lo que estamos parados. 

Estamos inmersos en una infinita red de vida formada por múltiples e interminables engranajes que han tomado millones de años para forjar el frágil equilibrio que es la vida sobre el planeta. 

Juntos podemos cambiar esta historia de inconsciencia, contaminación, destrucción, deforestación, consumismo y ese divorcio de la sociedad actual que tenemos con la naturaleza. Restaurar el corazón de la tierra y declararle la paz a la naturaleza es nuestro más grande desafío como especie. Tomar consciencia de esa interdependencia e interconexión es nuestro punto de partida. Sin Azul no hay verde. Sin agua no hay vida.

aMares. Sin Azul no hay verde. Sin agua no hay vida.

? Para ir más lejos:

Bachiller, Rafael. El Universo improbable: Estrellas fugitivas, partículas, vacío, infinito, portentosos agujeros negros y muchas otras cuestiones científicas sobre la vida y el cosmos. Madrid: La esfera de los libros, 2019.

Boada Martí, Victor Toledo. El planeta, nuestro cuerpo. La ecología, el ambientalismo y la crisis de la modernidad. México: FCE, 2003.

? Fuentes y referencias:

Café Científico, UNAM. “Respiramos la historia de las estrellas”. Último acceso: 15/04/2021. https://iteso.mx/web/general/detalle?group_id=18953902

EarthSky, “How much do oceans add to world’s oxygen?”. Último acceso: 15/04/2021.  https://earthsky.org/earth/how-much-do-oceans-add-to-worlds-oxygen

 IMF, “Nature’s Solution to Climate Change”. Último acceso: 15/04/2021. https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2019/12/pdf/natures-solution-to-climate-change-chami.pdf

National Geographic, “How much is a whale worth?”. Último acceso: 15/04/2021. https://www.nationalgeographic.com/environment/article/how-much-is-a-whale-worth

Ocean Oculus, “What the oceans do for us: One phytoplancton’s waste”.  Último acceso: 15/04/2021. https://www.oceanoculus.com/news-from-the-sea/2014/02/12/what-the-oceans-do-for-us-one-phytoplanktons-waste

Tara Oceans, “A treasure for scientists”. Último acceso: 15/04/2021. https://oceans.taraexpeditions.org/en/m/about-tara/les-expeditions/tara-oceans/

UNEP, “Protecting whales to protect the planet”. Último acceso: 15/04/2021. https://www.unenvironment.org/news-and-stories/story/protecting-whales-protect-planet

Imágenes: PIXABAY / CC0